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comida de empresa. Y de tarro

Dic 9, 2021

Ayer he tenido una comida de empresa sin ser invitado. Está claro que hay un porqué: yo mismo la improvisé. Me dio por ahí, me pareció razonable; a fin de cuentas mi nueva empresa es la más grande de el país. He pensado que una compañía así no debiera descuidar su imagen olvidando estas costumbres tan… arraigadas y populares entre los empleados (en este caso entre los desempleados) La magnitud de mi nueva empresa se alcanza a entender al escribir su infausto acrónimo: “SS”… la Seguridad Social. 

Me pregunto por qué nunca se les habrá ocurrido incluir entre sus prestaciones organizar comidas o cenas de Navidad. Me imagino a 9  millones de jubilados dando saltitos de alegría, cenando, bailando agarraditos -al andador- y bebiendo manzanilla a sorbitos -y no la de Sanlúcar-… ¡Brutal, eso sí que sería una comida de empresa!

No quiero ser graciosillo ni injusto. La SS tiene un montón de oficinas en las que, si no ésta, tienen lugar comidas y cenas de sobra celebradas todos los días del año. Son las de los famosos HOGARES DEL JUBILADO. 

Mosaico Hogar del Jubilado

Ayer lo he comprobado. Ha sido mi primera vez.

En el día de La Constitución Española, el 6 de diciembre. De esa Constitución que en 1978 acabó con 40 años de represión para media España, y con bastante más de 40 años de otras cosas menos nocivas para España entera. Entre otras algunos ideales muy extendidos como el respeto, el compromiso, la lealtad, la honestidad… Qué carca suena esto que estoy convencido es cierto… Tendría poca gracia que al final se debiera a los siguientes 40 años de libertad.

Al ver el Hogar de los jubilados de Mijas, he dicho para mis adentros “¡mira, chaval, tu empresa!”… Depronto se me han venido a la cabeza las fiestorras que organizaban en Publicidad cuando yo era unos de sus mercenarios. Había dinero y nos invitaban generalmente a cenar por todo lo alto, como saltándose por un día aquel insigne lema de uno de los grandes de la publicidad -Manu Eléxpuru-, que decía: “hacemos publicidad de nuestra agencia haciendo la publicidad de nuestros clientes”. Tipo listo. Recuerdo que se citaba a todo el mundo en algún lugar muy estudiado por los amiguetes y amiguitas de la Dirección. Aquella noche, los compañeros y compañeras iban súper emperifollados y dispuestos a beber y bailar hasta perder los papeles. Atracciones ingeniosas, comidas opíparas, barras muy libres, congas apretadas, vomitonas lamentables y siempre la posibilidad a última hora de desbloquear algunos impulsos contenidos. Aquellas cenas gloriosas, además de para sacar pecho la dirección, servían para que los trepas montaran sus numeritos y los jefes viesen la capacidad de “arrastre” que exhibían algunos o algunas, aquello les ayudaba a decidir quienes eran merecedores de nombramientos o promociones. 

menú del día Hogar del Jubilado

Pero yo ayer estaba ante mi nueva realidad. Y añorante, decidí celebrar una comida de empresa con unos cuantos compis con bastante menos marcha que los de antes. 

Me llamaron la atención sus rostros tristones, apagados tal vez por los años, tal vez por la soledad. La gran mayoría de ellos eran hombres, apenas vi mujeres (ellas no delegan el tema de una comida). Bueno, miento, había una. Antes de entrar, la vi en la calle, apeándose de un Tiguán más negro que las lágrimas del Cigala.  Otra mujer, más joven, desde el lado del copiloto la llamó “mamá”. Se despidió de ella con frialdad, sin muchas contemplaciones y justo frente al HOGAR de… la anciana. Me pareció raro dejar comer a una madre sola un día tan festivo. Pero, en fin, se ve que no quería nada malo para ella porque pude oír lo que le dijo atropelladamente al despedirse: “¡Mamá, gasta cuidado!”… Cuidado, cuidado… todo el cuidado que esa mujer tenía que gastar eran los 6 euros del menú. La vi cruzar la calle y entrar en aquel establecimiento un tanto desangelado. Me dio pena mi desconocida compañera de retiro; de ella y de un montón de tipos que había allí sentados, cada uno en una mesa, con la mirada algo extraviada frente a un plato humeante (casi todos habían pedido sopa).

Viendo aquello he considerado seriamente el tema de mi vejez. La verdad es que si a mí me cuesta renunciar al modelo de convivencia bajo el que me he educado y con el que he crecido, no quiero ni imaginarme a ellos, mucho mayores que yo. Un modelo dinamitado por una sociedad que vive bajo el síndrome de la constante revisión y disolución de lo existente, de lo que nunca termina de establecerse porque todo lo que nace de ella, nace sin futuro, o como dicen ahora: obsolescente. La idea de “la familia” tampoco se ha librado de este permanente expolio moral.

Hay sociedades en las que la unidad familiar es un trámite, que termina cuando los hijos alcanzan la mayoría de edad. Son las sociedades ricas. Cuando los progenitores se vuelven ancianos, se refugian en sus ahorros y en sus pensiones más que dignas. Ellos lo tienen claro. Además, el Estado se encarga de hacerles más grata y llevadera la vejez con un amplísimo abanico de ofertas y servicios que ofrecen a la “tercera edad”, incluso a la “cuarta”. Aquí no estamos en eso -aún-. Aunque ya tampoco en el viejo modelo, el del indisoluble núcleo familiar, ese en el que los ancianos tenían asegurado su sitio, atenciones y cuidados dentro de la familia. 

Supuse que si no todos, muchos de los ancianos asistentes a mi comida de empresa debían tener una familia. Me pregunto ¿cómo es posible que un día tan especial como el 6 de diciembre, Día de la Constitución que garantiza la libertad hasta a aquellos que dejan a su madre en la estacada, la hayan celebrado comiendo solos?… 

La vejez es toda una empresa, un reto que hay que saber superar sin ayuda de nadie. Es una canallada que tenga que ser cuando más débil se encuentra el ser humano y con más necesidad de calor y de que sean los demás los que gasten en cuidados. 

Ha sido una comida de empresa entrañable,  sin mucho ruido, con la música bajita y un menú sencillo, el de todos los días. He brindado por la salud de la SS y la de todos mis compañeros que se encuentran en un hogar abandonados. Larga vida a todos.