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quién recoge el guante

Un virus nos ha arrojado el guante, y casi todos lo hemos recogido para enfrentarnos a él en un duelo… a muerte, sí. Como en todos los duelos, también en éste hay padrinos, los encargados de ofrecernos la armas. Las medidas que los “expertos” aseguraron ser efectivas, se materializaron y poco tardaron en estar a nuestra disposición.

guante de plástico de usar y tirar

Y es que nunca hay partida sin contrapartida, ni duelo sin consuelo.

Guantes y mascarillas a mansalva para este desafío que nos toca librar, ¡haced que no falten!

Dejadlo en nuestras manos, habrá para todos!

Me imagino a los proveedores de soluciones para batirnos contra el Covid-19, para surfear sus olas y para hacernos llevaderos los confinamientos… ¡Cuántos no estarán celebrando silenciosa y disimuladamente la oportunidad que brinda la coyuntura!

Imagino a los fabricantes de guantes y mascarillas -¡y a los de geles hidroalcohólicos, por Dios!-, a los patentadores de PCRs y otros tests más o menos rápidos, a los directivos y accionistas de los esforzados laboratorios que han descubierto y ya distribuyen millones de vacunas a todo el mundo, a los fabricantes de féretros y ataúdes (y a los operarios de los aserraderos que les suministran más y más madera), a los pálidos directivos de las empresas de pompas fúnebres, a los oxigenados ingenieros que patentaron respiradores, a las empresas textiles con más cintura, capaces de aparcar los trajes de novia para confeccionar EPIS médicos, a los promotores y constructores de hospitales de usar y tirar…

Imagino a los gurús de la economía buscando editorial para publicar sus elucubraciones futuristas, a los miembros de la  Secretaría de Estado de la S.S. recalculando la inmensa magnitud del ahorro en pensiones, al presidente del país durmiendo sin sobresaltos ni Dormidina, sin pesadillas independentistas, soñando con perpetuar su suerte, y a los notarios facturando a miles de desconsolados herederos, y a las inmobiliarias aumentando su cartera de propiedades inesperadas…

Imagino a los vendedores de bicicletas estáticas alcanzando en ventas metas impensables, o los de chándales y zapatillas de andar por casa, o los de tablets y videojuegos, o a chefs-influencers publicando ingeniosas recetas que se hacen en un pispás…

Imagino a los fundadores de Netflix aprobando series de 10 temporadas, a las centrales de medios vendiendo audiencias nunca antes vistas, o a las discográficas quitando el polvo a los viejos éxitos para hacer remakes con la nueva generación de jovencitos O.T…

¡Cuándo la fatalidad arroja el guante, qué rápido lo recogen algunos, vivos!… Y es que la muerte de unos sirve para animar y dar vida a otros. Escandalosas paradojas del destino más inhumano.

El virus ha arrojado el guante. Ahora está por todas partes, hasta por el suelo a pesar del IVA. Seguro que alguien vendrá que se ocupe de recogerlo y ayude a reciclar esta horrible pesadilla a un buen precio.

Valientes, vamos, recoged el guante, que yo recogeré vuestro noble arrojo en ésta u otra cita.