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verdi vs. dios

Ayer asistí a un concierto en la iglesia de una hermosa colegiata.

Donde se sitúa normalmente un sacerdote, se situó el director de la orquesta. Levantó sus manos al cielo y dio comienzo a una de las más bellas experiencias musicales que existen, la obertura de “La Forza del Destino”.

La música se elevaba propulsada por la voz de los instrumentos y la levedad del alma de las notas. Invadiendo aquel inmenso espacio dedicado a Dios, saciando el apetito desmedido que el Todopoderoso suponemos debe tener de belleza, armonía y ofrendas valiosas.

Verdi vs. Dios

Después, al llegar el aria “sempre libera” de la Traviata, se sublimó esa dosis de misticismo que incorporo de serie y que me lleva a sentir compasión del mundo y de mí mismo. En esos momentos se produce una extraordinaria comunión entre la Humanidad y yo, y me convenzo de que comparto ese mismo sentimiento con mis semejantes. Con todos, menos con Él, que habiendo encarnado hasta crucificado el amor, sigue mostrándose inaccesible e insensible a la debilidad y desconcierto de sus criaturas. Tal vez, entonces, no supiéramos lo que hacíamos, pero… va siendo hora que reconozca que hay veces que sí. 

El hombre busca con hechos a su creador y trata de agradarle con su obra. ¿Y Él?

Verdi es superior a cualquier mensaje divino. Su música tiene la capacidad de alterar el mundo, de transformarnos en hombres bondadosos, en seres mejores y por tanto superiores. Puede que Él no llegue a sentirlo por ser quien es.

Allí, en aquella nave central que despega cada domingo para llevar el pasaje más fervoroso hasta el Altísimo, Dios no estaba presente. Porque si así hubiese sido, habría descendido y nos habría abrazado a todos, y habría llorado colmado de orgullo por la belleza que alcanza su propia obra, y se habría apiadado como el buen padre que abandona el rigor de sus leyes conmovido por los esfuerzos, la ternura y fragilidad de sus hijos.   

Muchos dirán que Dios no puede intervenir. Muchos de aquellos que van a rezar para pedir al hijo y a la madre, que “intercedan”, que salven, que asistan a su obra.

Dios no asistió a este concierto, y Él se lo perdió. Porque hoy creo más en Verdi que en Él.