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en mi punto

A la hora de comer he tirado para un bar que yo llamaría  “El Puntazo” -define bien la mano que se gasta la que manda en la cocina-, y he pedido una caña con eso que me vuelve loco: una tapa de porra.

La porra es la cosa más simple del mundo y algo tan completamente arraigado a esta tierra que hoy piso, como las matas de tomate que se dan en huertas del llano de su vega.

Además de bien de tomate, la porra necesita poco: un incisivo de ajo, pan duro, pimiento verde, bastante aceite, poca sal y menos vinagre.

Bueno, pues con estos ingredientes tan corrientes y molientes, no hay dos sitios en toda la comarca en los que la porra sepa igual.

en mi punto

(Fotografía de Anna Mayer)

Su sabor, su textura y su color tienen más variantes que combinaciones admite el sorteo de La Primitiva. A mí, particularmente, me entra mejor cuanto más cremosa la note, más clarita la vea y más fuerte me sepa. Me parece prodigioso ese puntito tan particular que hace a todas diferentes siendo semejantes.

A nosotros, los humanos, nos pasa algo parecido a la porra, aunque hayamos crecido mamando la misma leche, no “habemos” dos iguales. De qué y quién dependerá ese puntito que hace que, cuando los demás te ponen a prueba, tú sepas mejor.

A mi me falta sal, pero me sobra ajo. Tomate no me echo de menos porque lo monto más bien rápido; y en cuanto al vinagre, dos gotas menos me harían un gran favor. Si se trata de pan, reconozco que tengo miga y soy duro de roer, pero en cuanto me lloran me empapo y suavizo que da gusto. Por lo que se refiere al pimiento, como siempre se me olvida, casi nunca forma parte de mis condimentos y eso va a ser lo que me quita una chispa de encanto.

El día que me importe un pimiento yo mismo, me mando a la porra y te juro que salgo en la Guía Michelín como uno de los mejores primeros platos.

Aunque, qué quieres que te diga, pensándolo mejor, me apetece mandar a la porra el punto y prefiero que me lo cojan a mí.

Tengo la sensación de que se me ha ido la mano con el pimiento y me va a entrar ACIDEZ… ¡Ni por asomo me lo vuelvo a echar, killo!